28 diciembre 2005

El día después o ¿qué demonios es la Navidad?

No, no voy a hablarte de la película aquella. Lo que voy es a expresar algunos pensamientos al calor de la resaca de estas fiestas, pasada la euforia navideña y ya de vuelta a la realidad de nuestra vida cotidiana.

No sé como será en otras latitudes, pero por estas tierras de Dios, en lo que termina el mes de noviembre la gente entra en una especie de paroxismo, en una orgía consumista, que se traduce en una sensación de felicidad obligada… es Navidad, joder! y hay que estar felices porque sí, porque es Navidad.

Las calles se llenan de gente comprando regalos, ropa para estrenar, aparatos electrónicos, etcétera, etcétera. Los restaurantes, tascas, bares y discotecas se abarrotan de personas que festejan la Navidad. Es imposible andar por los centros comerciales o shoppings sin que la multitud te atropelle. Y no hablemos del tránsito automotor: más vale no salir en tu auto en estos días, pues cualquier diligencia que hagas te va a tomar no menos de dos horas de tráfico lento y pesado (y eso sólo de ida).

Como si este vía crucis no fuese suficiente, está el asunto aquel de la felicidad y los regalitos. Hay una especie de contrato social, o entendimiento, no lo sé, por el cual todo ser humano debe obligatoriamente estar alegre en estos días y felicitar y regalar a todo Dios. Independientemente del calvario que puedas llevar por dentro, todo el mundo supone que debes estar feliz, so pena de ser execrado cual paria social. Así, con la mejor de tus sonrisas, tienes que atender mil invitaciones a fiestas, almuerzos o cenas, para no herir sensibilidades.

Por supuesto, ello también acarrea las felicitaciones. No importa si durante todo el año apenas cruzaste mirada con la gente. No interesa si el tipo te cae como una patada en el hígado. No es excusa valedera que detestes a tus jefes. Nada que ver si se trata del imbécil de tu vecino. Es Navidad y hay que desearle felices fiestas a cuanto bicho de pezuña habite el planeta, con el consabido abrazo o, en el mejor de los casos, con un efusivo apretón de manos.

Y no te olvides de las tarjetitas... si, si, las tarjetas navideñas que enviamos a colegas, familiares y amigos. Hace mucho tiempo, cuando conocía poca gente, escribía un mensajito personalizado en cada una de ellas, lo cual tomaba largas horas de mi vida. Luego, al ampliarse mi círculo social (que pedante sonó eso, verdad?) decidí que era mejor encargarlas a una tipografía, todas iguales con un único mensaje. Sólo había que firmarlas y, de ser el caso, escribir una breve frase a los más allegados. La cosa es que siempre te queda alguien por fuera, porque lo olvidaste o porque te quedaste sin tarjetas, y es precisamente ese el único mortal que tiene a bien enviarte una tarjeta a ti. Sentimiento de culpa en primer grado, mínimo.

Ahora que tengo muchos conocidos pero menos amigos y familiares (porque me peleé con ellos o murieron), simplemente no envío un coño. Asunto resuelto. Menos gastos, menos preocupaciones y más tiempo libre. Ah.. y olvidarse del sentimiento de culpa, así que no me envíen tarjetas por favor!. También está el tema de los buenos deseos por vía de la mensajería de texto del teléfono celular o móvil o por internet, pero eso va a ser el tema del post de mañana.

Acepto que lo de la alegría y las felicitaciones es un tema discutible, pero lo de los regalos es algo que no tiene nombre. Aquí no hay cristiano que no espere en estas fechas su regalo o aguinaldo. Porqué si, coño, porque es Navidad y hay que compartir. Ergo, es casi una obligación andar cual Papá Noel, San Nicolás o Niño Jesús (depende de tus creencias) repartiendo regalos a diestra y siniestra a amigos, familiares y conocidos. No menciono a los Reyes Magos porque por aquí no celebramos eso, lo cual es algo que agradece mi ya mermado presupuesto.

Es inaudito, pero a cuenta de la Navidad, donde vayas te vas a encontrar con alguien que espera su aguinaldo. Las secretarias, los mensajeros, el de la fotocopia, la cajera del supermercado, el de la panadería, el vigilante del edificio, los del aseo urbano, el que te atiende en la carnicería, la peluquera, el del quiosco, el de la librería, el que te recibe el auto en el estacionamiento público, el taxista, los mesoneros en el restaurante y pare usted de contar. No hay negocio al que vayas donde no te encuentres con la alcancía en forma de cerdito, para que deposites allí el aguinaldo… y cuídate de no hacerlo, porque te lo exigen abiertamente. Hay que joderse!!!. Y de los intercambios de regalos o el fastidioso jueguito del amigo secreto en la oficina, mejor no hablar.

Al igual que con las tarjetas, el sentimiento de culpa que te embarga por no regalarle a alguien es de campeonato, porque es precisamente ese a quien no le diste el que va y te da un obsequio. Así las cosas, he decidido limitar a lo estrictamente indispensable los regalos navideños. Es más barato y menos estresante.

Toda esta ordalía navideña culmina el 24 de diciembre en la noche, con una cena descomunal y una rumba alucinante (incluyendo la apertura de regalos) que ríete tu de “La Gran Comilona” y “La Fiesta Inolvidable”. Ah… y los fuegos artificiales, no lo olvidemos. En esa noche es de estricto rigor lanzar cohetes, petardos y cuanta cosa estalle y haga ruido, con tal profusión que haría palidecer de envidia a los militares gringos que bombardearon Bagdad en la Guerra del Golfo (la primera digo, aquella de 1991 que pudimos ver en vivo y directo por CNN).

El día 25, aturdidos por las secuelas etílicas y gastronómicas de la farra anterior, la pasamos moribundos en casa con la excusa de que es tiempo de recogimiento familiar. La tragedia viene el 26, cuando pasada la resaca alcohólica, volvemos a la cotidianidad y nos preguntamos qué cuernos fue lo que pasó. A la etílica, se suma la resaca moral y la económica por la hartada de comida y los gastos de los días anteriores. Pero eso si, preparándonos para los festejos del fin de año, faltaba más!!!

Toda esta paja loca y sarcástica para decirte que por aquí la Navidad es consumo desaforado, rumba y bochinche. Y digo yo, a todas éstas ¿alguien se acuerda por qué demonios es que celebramos Navidad?. Por encima de los festejos, la regaladera y las felicitaciones ¿nos acordamos del sentido real de estas fechas?. Muy paganos y poco religiosos… ¿espíritu de la Navidad???... me suena, me suena, lo he oído en alguna parte…

En fin, que aunque lo diga tarde y cada vez le encuentre menos sentido a estas fiestas, espero que hayas tenido una Feliz Navidad en compañía de aquellos que amas.

22 diciembre 2005

Montevideo

En una clara noche de agosto de 1993, que aún recuerdo como si hubiera sido ayer, me fui a Uruguay en un viaje que me regresó a casa siete largos años después. Mientras el avión tomaba altura y viraba al sur, veía por la ventanilla como se perdía Caracas a lo lejos, detrás de la cordillera, y con él y la distancia, todo mi pasado... o al menos eso pensaba yo en aquel entonces.

Doce años después, por circunstancias distintas, he tenido que viajar a Uruguay. En esta oportunidad, el 767 de la aerolínea Varig fue más que una aeronave y se convirtió en una máquina del tiempo que me transportó al pasado. Mientras se elevaba dejando el aeropuerto tras de si, en su interior yo retrocedía hasta aquella lejana noche de agosto, cuando ingenua o desesperadamente, o tal vez las dos, creía que sólo bastaba la distancia para cerrar círculos, romper con todo e iniciar una nueva vida.

Así, durante las casi doce horas que esta vez tomó llegar a Montevideo, me encontré rememorando con nítido detalle los cuatro años que pasé allí, período del que apenas tuve conciencia que fui escasamente feliz, justo el decembrino día de 1997 en que dejaba la ciudad para irme a vivir a Bogotá. Ahora, al cabo de ocho años de ausencia, regresé con las ansías y la aprehensión del reencuentro, con la paradoja de estar al mismo tiempo alegre y triste por el breve retorno.

Nomás llegar allí, azuzado por recuerdos y nostalgias, vagué por los rincones que fueron míos, volví a los barrios donde viví, caminé por sus calles y avenidas. Al igual que entonces, fui a la escollera Sarandí a ver los cargueros entrar en el puerto. Dejé que el viento me llevara a través de la Rambla que bordea el imponente río de La Plata. Regresé a aquellas cafeterías cercanas a la playa de Pocitos, donde tantas veces leí en soledad a Benedetti al amparo de una taza de café.

Me perdí en la Ciudad Vieja, en pos de aquellas noches de copas en bares del puerto. Me busqué a la luz de sus farolas y sólo pude encontrar desparramados fragmentos de aquel que una vez fui. Montevideo fue en lo personal una etapa muy confusa, de búsqueda, de descubrirme a mi mismo. Allí me debatí entre lo que yo era y lo que quería ser, entre la lealtad a terceros y la lealtad conmigo mismo. Incluso, cuestioné los motivos que justificaban mi existencia en el mundo.

Uruguay quedó indefectiblemente unido a muchas vivencias. Algunas buenas, como los amigos y afectos que encontré y los viajes por su territorio. Otras malas, como el estúpido accidente que pudo costarme la vida y el pecado imperdonable que cometí por omisión y que aún arrastro como deuda por saldar. Algunas importantes, como los primeros pasos y palabras de mi hijo, su primer día de escuela y las noches en vela cuando enfermó. Otras triviales, como la emoción de comprar mi primer auto o las clases de música. Y algunas más que prefiero no calificar, como la ternura y abnegación de aquella que me amó aún a sabiendas de mi compromiso matrimonial o la decisión que tomé de postergar sueños y sepultar deseos bajo la fachada de la prudencia, la responsabilidad, el autocontrol, la ponderación y lo socialmente correcto.

Pero también quedó ligado a muchas enseñanzas. Por allá entendí que por mucho que te alejes, poniendo miles de kilómetros por medio, no podrás dejar atrás tus miedos, dudas y conflictos, pues ellos están dentro de ti. Aprendí a ser papá y aprendiéndolo comprendí mejor a mis padres. Con la perspectiva que dan el tiempo y la distancia, más tarde aprendí de aquellos años que debemos siempre hacer lo que nos señala el destino, que hay que arriesgarse por lo que creemos y anhelamos, que no debemos represar nuestros impulsos cuando se trata de perseguir nuestro sueños y que, por sobre todas las cosas, la única forma de ser felices es emprendiendo la aventura de vivir, conforme a los dictados de nuestro espíritu.

15 diciembre 2005

Trabaja, esclavo!!

Esto ha sido una locura y la verdad es que ya estoy harto. Llevo dos fines de semana sin descansar debido al trabajo. Cuando esperaba por fin tener un tiempo libre, resulta que tampoco voy a poder disfrutar mi fin de semana pues me envían a Colombia. Tres en línea. No hay derecho, coño!

El viaje a Uruguay, contrariamente a lo previsto, terminó siendo agotador y estresante. No pude estar hasta el final de las negociaciones, porque a última hora la Directiva decidió viajar a Paraguay y tuve que salir en avanzada a finiquitar los documentos que se suscribirían con nuestros socios paraguayos.

Regresé a este pueblo el martes y hoy jueves, al mediodía, me anuncian que mañana debo ir a Santa Marta, Colombia, a una nueva reunión que se va a efectuar el sábado para comprar unas acciones de una empresa de polímeros. La puta que los parió…. otro “weekend” que se va al cuerno.

Aunque hay cinco vuelos diarios a Colombia, no hay cupo en ninguno de ellos para mañana. Claro, comienza el fin de se semana y encima se nos viene la navidad… todo el mundo viajando. Así que a los genios de Administración les pareció buena idea colocarnos en lista de espera a los dos cretinos que vamos en avanzada. Los jefes viajan el mismo sábado en avión privado, por supuesto.

Por lo pronto, mañana voy temprano al aeropuerto, invocando a las ánimas benditas y encomendándome a todos los santos para conseguir un asiento en cualquiera de los vuelos. Ah y en clase económica, porque el “perraje” no tiene derecho a “business class”, faltaba más!. Luego te contaré.

Con este trajín va descuidando uno a la familia, los amigos (que cada vez son menos) y hasta la propia vida. Y es que no sólo son los viajes, que a fin de cuentas no son tantos, sino también las largas jornadas en la oficina saliendo horas después que se ocultó el sol, llegando muerto de cansancio a casa, sin ganas de hacer otra cosa que no sea darse una ducha y dormir. Esto no es vida, sino simple supervivencia.

Por cierto…. al que me venga a decir que aquí la esclavitud la abolieron a mediados del siglo XIX, lo cago a patadas.

En fin... para ambientar el asunto había pensado colocar un vallenato o una cumbia, pero mejor te dejó esta vieja canción (que no tiene nada que ver con este post) del grupo colombiano Ekhymosis.

"Solo" - Ekhymosis
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06 diciembre 2005

Yo te amo

Palabras encadenadas en un verso que no encontraron eco en su corazón. Las susurré en una apacible noche de octubre y sólo respondió la suave brisa, dispersándolas, llevándolas consigo allá donde los silencios moran.

Yo te amo
antes y después de todos los acontecimientos,
en la profunda inmensidad del vacío
y en cada lágrima de mis pensamientos.

Yo te amo
en todos los vientos que cantan,
en todas las sombras que lloran,
en la extensión infinita de los tiempos
hasta la región donde los silencios moran.

Yo te amo
en todas las transformaciones de la vida,
en todos los caminos del miedo,
en la angustia de la voluntad perdida
y en el dolor que se viste en secreto.

Yo te amo
en todo en lo que estás presente,
en la mirada de los astros que te alcanzan
y en todo en lo que aún estás ausente.

Yo te amo
desde la creación de las aguas,
desde la idea del fuego
y antes de las primeras risas y tristezas.

Yo te amo perdidamente
desde el principio de la gran nebulosa
y hasta que el universo caiga sobre mi
suavemente.

POEMA DEL AMANTE
Adalgisa Neri

30 noviembre 2005

Amigos invisibles

Allá por los lejanos ochentas, Arturo Uslar Pietri, uno de los más grandes intelectuales de la historia venezolana, llamaba “amigos invisibles” a los televidentes de su programa “Valores Humanos” que se transmitía por el canal estatal. Salvando las distancias, al igual que él, yo también tengo amigos invisibles a los que no conozco personalmente.

Son esos seres virtuales que encontré (o me encontraron) en la red por un azar de esta vida. Viven lejos, a miles de kilómetros de mi casa. Se conectan en el Messenger o en el ICQ y conversamos horas sobre cualquier cosa. Me cuentan su día a día, sus rutinas, sus sueños y esperanzas, sus tristezas y fracasos. Me hablan de amigos, familiares y conocidos. Me muestran fotos de sus viajes, de su gente, de sus ciudades, de sus mascotas.

A veces transcurren largas temporadas sin que nos “veamos” y cuando se produce un nuevo encuentro simplemente retomamos la conversación como si la hubiéramos dejado ayer. Nos ponemos al día, reímos, lloramos y muchas veces contamos cosas que no nos atreveríamos a confesar cara a cara a nuestros amigos “reales”.

En esos instantes de conversación, yo vivo con sus historias una vida que no es la mía. La imaginación me lleva a esos lugares sobre los que me hablan, miro los cielos que ellos ven, veo los mares que ellos describen. Me asfixio en el smog de sus ciudades, me aburro con ellos en el tedio de sus domingos, bebo en sus bares, paseo en sus parques y, sobre todo, disfruto de su compañía.

Existen otros con los que no “converso”, pero a los que leo con avidez. Si, son esos, los bloggers, gente que a través de sus espacios en la red nos abre una ventana a su cotidianidad, a sus ideas y sentimientos. Son páginas que también me hacen soñar y por breves momentos evadir mi propia cotidianidad y rutina.

Ahora bien, detrás de toda esa virtualidad, de esos juegos de la imaginación y la fantasía, hay seres de carne y hueso que yo me imagino buenos, especiales, sensibles, sin mezquindades y bajezas. Personas a las que admiro y respeto por la simple proeza de sobrevivir en este agreste mundo, a las que le tengo simpatía, aprecio y ¿por qué no? cariño también.

Aunque no lo saben, con todos ellos tengo una deuda pendiente que espero saldar un día no muy lejano: zanjar esas distancias que nos separan y en un enorme abrazo agradecerles personalmente, allí donde viven, por las horas de compañía, aventura y fantasía que me han brindado en la soledad de la red.

27 noviembre 2005

Madurez

En este largo sendero que hemos dado en llamar “vida”, todos los acontecimientos a nuestro alrededor se van engranando poco a poco, movidos por la mano invisible del destino. Incluso, las respuestas y salidas que buscamos se nos aparecen de manera providencial e inesperada, dictadas por nuestro propio sino.

Tengo tras de mi una larga hilera de catástrofes amorosas o desencuentros, como poéticamente los llamó Vinicius de Moraes. El último de ellos lo sufrí hace un año al enamorarme perdidamente de una amiga entrañable (y casada… una minucia, vamos), luego de muchos años de amistad. Tal vez siempre estuve enamorado de ella y no lo reconocía, pero eso es parte de otra historia. Superado el incidente, me intereso recientemente en alguien y, por varias razones que ahora tampoco vienen al caso, la historia muere al nacer.

Desde entonces, vengo dándole vueltas a este asunto de las relaciones de pareja, el amor y la búsqueda o encuentro, según como se mire, de la persona ideal. Como no tiene sentido llorar por la leche derramada, no me lamento por el pasado. Muy por el contrario, mis interrogaciones me las planteo con visión de futuro, tratando de aprender de los errores del pasado. Son innumerables las dudas que me abruman… ¿me enamoré de las mujeres equivocadas?, ¿dejé que el amor muriera?, ¿confundí cariño con amor?, ¿nunca las entendí?, ¿fui egoísta?, ¿qué debo cambiar?...

Y he aquí que, como decía al principio del post, el destino me ha dado hoy una respuesta a mis inquietudes, cual oráculo divino. Esta mañana, un colega, que desconoce mis cavilaciones sobre este tema, me ha enviado un e-mail en el que anexa un escrito anónimo cuyo contenido, en líneas generales, se parece muchísimo a lo que ha sido mi vida hasta ahora. A tal punto es la coincidencia que, aún no siendo mío, te digo que lo puedo suscribir en un noventa por ciento, pues me resulta casi autobiográfico.

La sabiduría final que encierran esas líneas, que a continuación transcribo, me ha hecho reflexionar profundamente. Al cabo de una corta pero densa meditación, he concluido que todos mis reveses en el amor no han sido otra cosa que un producto de mi inmadurez.

ASI ES LA VIDA

Cuando cumplí 14 años esperaba algún día tener una novia.

A los 16 tuve una novia, pero no había pasión. Entonces decidí que necesitaba una mujer apasionada, con ganas de vivir.

En la facultad salí con una mujer apasionada, pero era demasiado emocional. Todo era terrible, era la reina de los dramas, lloraba todo el tiempo y amenazaba con suicidarse. Entonces decidí que necesitaba una mujer estable.

Cuando tuve 25 años encontré una mujer muy estable, pero aburrida. Era totalmente predecible y nunca la excitaba nada. La vida se hizo tan plomiza que decidí que necesitaba una mujer más emocionante.

A los 28 encontré una mujer excitante, pero no pude seguir su ritmo. Iba de un lado a otro sin detenerse en nada. Hacía cosas impetuosas y coqueteaba con cualquiera que se le cruzara.

Me hizo tan miserable como feliz. De entrada fue divertido y energizante, pero sin futuro. Entonces decidí buscar una mujer con alguna ambición.

Cuando llegué a los 31, encontré una chica inteligente, ambiciosa y con los pies sobre la tierra. Decidí casarme. Era tan ambiciosa que me pidió el divorcio y se quedó con todo lo que yo tenía.

Ahora, a los 40, me gustan las mujeres con tetas grandes, un buen culo y punto.

Por fin maduré...

¡He ahí la respuesta: madurez!!!... Así que, con miras a futuras relaciones, han de ser tetonas y culonas; lo demás es accesorio. Hay que madurar!. A fin de cuentas ya va siendo hora, ¿verdad?...

23 noviembre 2005

Blackout!

O apagón, en cristiano… pero venga, que es muy fashion esto de meter locuciones extranjeras de vez en cuando. Te aclaro por las dudas: eso es pedantería en los demás, pero cuando el anglicismo, el galicismo o el latinazo lo escribimos nosotros es muestra de amplia cultura y savoir faire.

A lo que iba. Yo no sé como hacen los otros bloggers, pero a mí esto de las bitácoras se me está convirtiendo en una especie de maldición gitana, que dicen que son las peores a excepción del matrimonio. Cuando empecé esta “aventura”, como la llaman los animosos muchachos de Blogs Ya.com, el asunto me resultaba bastante divertido, pues nomás era escribir algunas cosas de vez en cuando (que por demás ya las tenía algo trabajadas como borradores), colgarlo en el blog y a otra cosa, mariposa.

Pero en la medida en que esto va avanzando, se está convirtiendo en una obsesión. Ahora me sorprendo pensando en el blog cada dos por tres. Veo una película y pienso que sería bueno comentarla por aquí. Leo una noticia y ¡zaz! ahí mismo me la estoy imaginando como un post. Escucho una canción y ¡hop! pa’l blog. En el auto, caminando, de compras, en una tediosa reunión, oyendo los mensajes del gerente general de la empresa… cualquier ocasión es buena para que mi mente divague y convierta una nimiedad en la madre de todos los temas. No, lo siento, sentado en el WC no, porque ahí sólo saldrían textos escatológicos y además hay que tener algo de pudor.

Así las cosas, me asaltan mil brillantes pensamientos para producir ingeniosos, mordaces, interesantes y apasionantes escritos. He llegado incluso al colmo de pensar que sería conveniente tener permanentemente a mano la cámara digital, como apéndice de mi cuerpo, para tomar fotos de cualquier cosa, que luego colocaré en el blog. Pero en fin, apartando este comportamiento obsesivo-compulsivo (creo que así lo llamó mi psiquiatra.. si, ese, el borracho del Bohemio’s) hasta aquí todo va bien. El asunto se pone cuesta arriba cuando llega el momento de verter esas ideas en el procesador de palabras (vulgar Microsoft Word). Ahí se viene encima el título de este blog: ¡¡¡apagón!!!. Todo en negro: mente, el monitor y la brillante idea que ipso facto se convierte en moribunda divagación.

Porque te cuento que una cosa es pensar y otra muy distinta escribir. Lo que me pareció interesante antes, ya no lo es al verlo en blanco y negro. Si fue divertido al pensarlo, dejó de serlo al escribirlo. Y así voy desechando una idea tras otra. Por supuesto que mientras eso ocurre, me va carcomiendo la angustia al ver que pasan los días desde que colgué el último post y no me sale ni un triste párrafo.

Para terminar de deprimirme, por ahí me enteré que hay tipos que en sus blogs escriben de dos a cuatro posts DIARIOS!!!!... joder, que bestias, si yo apenas alcanzo a los dos semanales y eso con mucho esfuerzo. Se me ocurre que voy a empezar a escribir posts cortitos al estilo de “me acabo de levantar y un negro augurio me anuncia que será un mal día”, para tres horas después publicar otro que diga “la lluvia triste enluta mi alma” y otros más así por el estilo. No sé si será efectivo, pero por lo menos me divertiré pensando en la confusión de mi único y consecuente lector, que no alcanzará a entender si esas frases son mensajes en clave, genialidades ocultas, estados de ánimo, ausencia de ideas o simple majadería de quien esto escribe.

Queda pues advertido que si no escribo con más frecuencia no es porque no tenga nada que decir, sino simplemente porque no sé como decirlo. Por lo pronto, cambio “sopotocientas” ideas geniales por unos cuantos posts medianamente digeribles. Interesados preguntar en la barra del Bohemio’s Café.


Leído por ahí:
“¿Cómo puede algo ser tan plausible en el momento y tan idiota en retrospectiva?” (Calvin, personaje de la tira animada Calvin & Hobbes de Bill Watterson).

18 noviembre 2005

Hoy la vi

Al término de un pesado día laboral, me encuentro solo y algo deprimido en la barra del Bohemios’s Café. Espero a una amiga que demora mucho en llegar. Mientras bebo el segundo vodka tonic, entra un grupo bullicioso de personas, entre las cuales veo a alguien a quien años atrás juré amar para siempre. Pero fue un "para siempre" por la mitad, como todos mis “para siempre”. Me reconoce, me saluda en la distancia (adivino cierto sarcasmo en su gesto) y sigue su camino hacia la terraza.

Obnibulado por los efluvios etílicos, me reafirmo en la idea de que todas mis ex son como las olas que bañan la playa y regresan al mar, vienen y van en un perenne fluir. No, no es poesía, no te confundas, es una joda del destino, que hace que de manera reiterativa me las consiga fortuitamente en los peores momentos. Los peores momentos míos, por supuesto.

A ver si me explico… un domingo te vas a desayunar a esa famosa pastelería que casualmente queda a dos calles de tu casa. Llevas el periódico dominical bajo el brazo, barba sin afeitar, bermudas, sandalias y camiseta descolorida por los años de continuas lavadas. Vamos, que es domingo y andas cómodo. Te ubicas en la terraza, en esa clara y soleada mañana, desde donde ves el movimiento de la calle.

Todo es perfecto: el día, la comida, el ambiente, hasta que de pronto “Ella”, a quien no veías desde tiempo atrás, hace su aparición, radiante, de impecable lino blanco, perfumada, la suave brisa ondea su bien arreglada cabellera. Todos voltean a verla. Y ahí estás tú, en aquella facha miserable, con tu bocota bien abierta para morder un croissant, cuando ella fija su vista en ti. Tierra trágame!

Jueves en la noche. Llegas al teatro directo desde el trabajo, luego de una larga, pesada y complicada jornada. Algo desaliñado por el trajín y visiblemente cansado. Te acompaña una amiga del alma que tiene evidentes problemas de sobrepeso. Muy simpática, pero más fea que pelea a navajazos en un ascensor. Y ahí el hado vuelve a escupirte.

Entra en el lobby “Aquella”, esbelta, más hermosa que nunca, con un vestido espectacular, del brazo de un joven Adonis de dos metros de alto y un metro de espaldas. Y ahí mismo sientes como su mirada de sorna te va recorriendo de arriba a bajo a ti y a tu adorada amiga. Aunque intentes disimular y hacerte el loco, “Aquella” invariablemente se acercará a presentarte al Adonis y decirte, sarcásticamente, que haces linda pareja con tu “novia”. Dime que no te quisieras morir en ese instante.

Lo peor es esa actitud desdeñosa y el tonito de voz con que te hablan, como diciendo “mira que bien me la paso sin ti, piltrafa”. Y como esas, mil situaciones más en las que la única constante es que ellas están siempre radiantes, bellas, deslumbrantes y yo vuelto un trapo. En eso no hay vuelta de hoja, siempre es lo mismo, las desgraciadas reaparecen en los instantes más inoportunos. ¡Déjame la botella!


Escuchado en el Bohemios’s Café:
“Dios me ignora…” (alguien sentado en la barra, al calor de un vodka).


“Hoy la vi” - Pablo Milanés

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15 noviembre 2005

2600 metros más cerca de las estrellas

Dice la conseja popular que no se debe regresar a los lugares donde alguna vez uno fue feliz. La verdad es que yo, que siempre moría por retornar a donde fui feliz, nunca entendí esa frase. Recuerdo que hace una pila de años un poeta cubano, Delfín Prats, intentaba explicar eso al recomendar no volver a tales sitios y paisajes pues eran invenciones de la nostalgia. Claro, él vinculaba esos lugares con la mujer amada, así que yo aún menos entendía cosa alguna.

Pero he aquí que como sólo aprendemos por las experiencias sufridas, me correspondió entender el asunto por vivencia en carne propia. Hace cinco años salí de Bogotá dejando atrás 36 felices meses de mi vida. Fueron tres años de profundas experiencias en lo profesional y en lo personal, al cabo de los cuales llegué a sentir Bogotá, en particular, y Colombia, en general, tan mías y amadas como lo puede sentir cualquiera de los habitantes allí nacidos.

En ella sufrí con sus desgracias y pesares, reí con sus alegrías, me entusiasmé con sus logros, conocí cada rincón suyo, pateé todas y cada una de sus calles, viví locas aventuras y amé a una mujer maravillosa que me dejó honda huella. Sin abandonar mi idiosincrasia, nunca me sentí extranjero.

Desde aquel triste diciembre del 2000 en que partí, he regresado a Bogotá una y otra vez como el hijo pródigo. Retorno buscando sus ladrillos rojos, las callejuelas de La Candelaria, los rincones de Usaquén, el melancólico gotear de su llovizna, los brumosos colores de los cerros al oriente, el verde de su sabana, la fría brisa de sus noches y los luceros que se asoman en las claras madrugadas bogotanas.

Vuelvo a ella cargado de nostalgia, añorando lo que fue, extrañando a los amigos y el recuerdo del amor que perdí. Busco con ansia aquel bar y aquel café donde las horas de conversación parecían breves minutos. Pero en verdad regreso a una Bogotá que cada vez es menos mía y cada vez me es más ajena. Y es que ella no es la misma ciudad que dejé y yo no soy el mismo que partió.

Cuando buscaba en Internet la referencia al poeta Prats, para este post, me conseguí con un hermoso poema del español Félix Grande, que explica infinitamente mejor aquello que sentimos los que neciamente volvemos a los lugares donde fuimos felices:

Donde fuiste feliz alguna vez
no debieras volver jamás: el tiempo
habrá hecho sus destrozos, levantando
su muro fronterizo
contra el que la ilusión chocará estupefacta.
El tiempo habrá labrado,
paciente, tu fracaso
mientras faltabas, mientras ibas
ingenuamente por el mundo
conservando como recuerdo
lo que era destrucción subterránea, ruina.

Si la felicidad te la dio una mujer
ahora habrá envejecido u olvidado
y sólo sentirás asombro
-el anticipo de las maldiciones.
Si una taberna fue, habrá cambiado
de dueño o de clientes
y tu rincón se habrá ocupado
con intrusos fantasmagóricos
que con su ajeneidad, te empujan a la calle, al vacío.
Si fue un barrio, hallarás
entre los cambios del urbano progreso
tu cadáver diseminado.

No debieras volver jamás a nada, a nadie,
pues toda historia interrumpida
tan sólo sobrevive
para vengarse en la ilusión, clavarle
su cuchillo desesperado,
morir asesinando.

Mas sabes que la dicha es como un criminal
que seduce a su victima
que la reclama con atroz dulzura
mientras esconde la mano homicida.
Sabes que volverás, que te hallas condenado
a regresar, humilde, donde fuiste feliz.
Sabes que volverás
porque la dicha consistió en marcarte
con la nostalgia, convertirte
la vida en cicatriz;
y si has de ser leal, girarás errabundo
alrededor del desastre entrañable
como girase un perro ante la tumba
de su dueño... su dueño... su dueño...



DONDE FUISTE FELIZ...
Félix Grande


Y así, como el perro fiel, habré de regresar a mi entrañable Bogotá, sin importar que mientras más lejanos se hagan mis recuerdos, más duela el presente que yo a ratos viva en ella.


La verdad de hoy:“Bogotá: 2600 metros más cerca de las estrellas” (Lema oficial de las actividades públicas de la Alcaldía de Bogotá en el año 2000).

11 noviembre 2005

Murphy

La ley de Murphy es inexorable. Cuando por fin creo superar mi más reciente revés amoroso y empiezo a interesarme seriamente en una agradable mujer, resulta que ésta decide, profundamente desilusionada por el fracaso de su última relación, renunciar a la vida en pareja y dedicarse en cambio, en cuerpo y alma, a su trabajo y a su pequeña hija. Voluntariamente, sin más, cierra las puertas a cualquier posibilidad de ser feliz.

Es de no creer. Menos mal que por allí dicen que la vida no es para entenderla, sino para vivirla, porque te juro que yo no entiendo nada.


La verdad de hoy:
“Cuando parece que las cosas están mejorando, debes estar olvidando algo” (Corolario No. 2 de la Segunda Ley de Chisholm).

08 noviembre 2005

Pa’ Bogotá

Su merced, venga y le digo que en unas horas salgo para Bogotá a ver como marchan los negocios con nuestros socios colombianos. Aunque es un viaje cortito de ida por vuelta (estaré de regreso el jueves) y ésta es la cuarta vez que voy por aquellos lares en lo que va de año, el asunto me entusiasma pues allí pasé tres estupendos años de mi vida. A la vuelta le cuento, "hombe".

Mientras tanto, para ir entrando en ambiente, vea que por aquí le dejo una muestra musical de ese colombiano mundial: Carlos Vives (… y a Juanes que le den por donde él sabe).


“La tierra del olvido” – Carlos Vives

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04 noviembre 2005

Desde los afectos

Este poema de Benedetti va para Andaya, a quien no conozco pero que por esas inexplicables razones del mundo virtual comienzo a apreciar un montón. En estos días pasa por una etapa algo difícil, de esas que a todos nos llegan alguna vez, cuando parece que las cosas se nos vienen encima, no vemos salidas claras y el presente es a duras penas una excusa de vida.

Siendo como ella es, un alma sensible, seguramente ya conocerá estos versos, pero nunca está demás recordar estas sencillas lecciones para andar por ese sendero que hemos dado en llamar vida.

Cómo hacerte saber que siempre hay tiempo?
Que uno tiene que buscarlo y dárselo...
Que nadie establece normas, salvo la vida...
Que la vida sin ciertas normas pierde formas...
Que la forma no se pierde con abrirnos...
Que abrirnos no es amar indiscriminadamente...
Que no está prohibido amar...
Que también se puede odiar...
Que el odio y el amor son afectos...
Que la agresión porque sí, hiere mucho...
Que las heridas se cierran...
Que las puertas no deben cerrarse...
Que la mayor puerta es el afecto...
Que los afectos, nos definen...
Que definirse no es remar contra la corriente...
Que no cuanto más fuerte se hace el trazo, más se dibuja...
Que buscar un equilibrio no implica ser tibio...
Que negar palabras, es abrir distancias...
Que encontrarse es muy hermoso...
Que el sexo forma parte de lo hermoso de la vida...
Que la vida parte del sexo...
Que el por qué de los niños, tiene su por qué...
Que querer saber de alguien, no es sólo curiosidad...
Que saber todo de todos, es curiosidad mal sana...
Que nunca está de más agradecer...
Que autodeterminación no es hacer las cosas solo...
Que nadie quiere estar solo...
Que para no estar solo hay que dar...
Que para dar, debemos recibir antes...
Que para que nos den también hay que saber pedir...
Que saber pedir no es regalarse...
Que regalarse en definitiva no es quererse...
Que para que nos quieran debemos demostrar qué somos...
Que para que alguien sea, hay que ayudarlo...
Que ayudar es poder alentar y apoyar...
Que adular no es apoyar...
Que adular es tan pernicioso como dar vuelta la cara...
Que las cosas cara a cara son honestas...
Que nadie es honesto porque no robe...
Que cuando no hay placer en las cosas no se está viviendo...
Que para sentir la vida hay que olvidarse que existe la muerte...
Que se puede estar muerto en vida..
Que se siente con el cuerpo y la mente...
Que con los oídos se escucha...
Que cuesta ser sensible y no herirse...
Que herirse no es desangrarse...
Que para no ser heridos levantamos muros...
Que sería mejor construir puentes...
Que sobre ellos se van a la otra orilla y nadie vuelve...
Que volver no implica retroceder...
Que retroceder también puede ser avanzar...
Que no por mucho avanzar se amanece más cerca del sol...
Cómo hacerte saber que nadie establece normas, salvo la vida?

DESDE LOS AFECTOS
Mario Benedetti

01 noviembre 2005

Mutato Nomine

Tal vez este post debió ser el primero o el segundo que escribiera en el blog, pues el sobrenombre que oculta la identidad de quien esto escribe puede parecer extraño y valdría la pena explicar su significado.

¿Recuerdas cuando años atrás aparecieron los PC a precios asequibles y se daba el boom de Internet y las salas de chat?. Bien, éste que aquí te habla se sumó entusiastamente a esa moda y armado con una computadora (u ordenador como le dicen en otras partes) y un modem antediliviano se sumergió en el “fascinante” mundo de los chats.

Para ingresar en ellos se usaba un “nickname” o sobrenombre, que nos mantenía en el anonimato. Como siempre me han gustado los latinazos y como quiera que en esa época todavía creía que podía ser original (cosas de la juventud, vamos), se me ocurrió usar alguna expresión en latín. Para ello recurrí al diccionario Larousse, que en sus más viejas ediciones incluía un glosario de términos latinos.

Allí fue me que encontré con “Mutato Nomine”, que no significa otra cosa que “cambiado el nombre”. Inmediatamente lo adopté para identificarme en los chats. Si bien me sirvió como gancho para iniciar conversaciones, pues la gente preguntaba por ese extraño nick, pronto lo cambié por otros sobrenombres menos serios y más emocionantes (creía yo, cosas de adolescente tardío).

Tiempo después, ya abandonada (por cansancio y por asco) la fiebre de los chats, descubrí que “Mutato Nomine” se emplea en Derecho cuando se quiere señalar que algo ya ha sido dicho con otras palabras o con la sola variación del nombre. Asimismo, me enteré que el autor de la frasecita de marras es Horacio, uno de los máximos representantes de la lírica latina, quien la acuñó en su obra "Sátiras", en la cual critica, no sin cierta benevolencia, los vicios y las pasiones más funestas del ser humano. Para ello recurrió a sencillas lecciones bajo la forma de charlas entre interlocutores anónimos que intercambiaban puntos de vista por medio de procedimientos teatrales, diálogos, fábulas y ejemplos.

Es en el Libro I, sátira 1, verso 69, de esa obra donde aparece la expresión “¿Quid rides?, mutato nomine de te fabula narratur”. Eso traducido al cristiano y hablando mal y rápido quiere decir "¿de qué te ríes? cambiado el nombre, a ti se refiere el cuento”. Hoy día se cita este verso de Horacio para significar que es aplicable a uno lo que ya se ha dicho de otro.

Así las cosas, cuando abrí este espacio virtual, retomé ese viejo sobrenombre porque todo lo que aquí se escribe seguramente ya ha sido dicho antes por alguien más, con otras palabras o con otros nombres (y sin hablar de la calidad, por supuesto). Y en cuestión de sentimientos y pasiones humanas, que es lo que reflejan la mayoría de los blogs, aquello que se critica y juzga e incluso que se celebra y aprecia en otros, muchas veces también se aplica mutato nomine a nosotros mismos.


Nota: Espero que la curiosidad de mi único y consecuente lector quede satisfecha con esta explicación.

28 octubre 2005

Demanda judicial

Con carácter de urgencia requiero contactar un abogado en España, a objeto de introducir una demanda ante las cortes de ese país en contra de una empresa prestadora de servicios de transmisión de datos y comunicaciones electrónicas (Internet que le dicen), cuyo domicilio social está en la ciudad de Madrid. Si sabes de algún buen escritorio de abogados, apreciaría enormemente que me hagas llegar la información vía e-mail.

El caso es que, a pesar que desde hace poco más de dos meses escribo con cierta regularidad en este blog, mi vida no ha cambiado en absoluto:

  • Aún no soy famoso (ni mi propia madre me reconoce).

  • Sólo tengo un único y consecuente lector (que sospecho que lo hace más por caridad que por otra cosa).

  • Mis “crónicas” no se conocen en el mundo entero (apenas mi consecuente lector y uno o dos despistados que llegaron aquí por error del Google).

  • No he conocido personas con vidas fascinantes.

  • Mi único amigo es mi gato (y ya sabes como es la amistad felina).

  • Ningún periódico o revista ha requerido mis servicios.

  • No me dieron el Nobel de Literatura.

  • Ni siquiera me dieron el Premio Planeta, pues se lo adjudicaron a dos sujetos que parece que no escriben mejor que yo.


  • Y eso no es lo que decía la susodicha empresa en su publicidad, en la que me aseguraban que si yo escribía un blog sería famoso, todo el mundo me leería, conocería vidas fascinantes, tendría muchos amigos y emularía a los grandes de la literatura y el periodismo.

    Me han estafado!.. eso es publicidad engañosa!. Así que prepárense que, como dicen en mi pueblo, lo que les viene es Eneas con burundanga: una demanda millonaria por daños y perjuicios morales y psicológicos, por expectativas de derecho no cumplidas y cualquier otra cosa que a mi abogado se le ocurra. Haré historia en la blogosfera!.

    He dicho.


    La verdad de hoy:
    “Un poquito de por favor!” (Fernando Tejero en el papel de Emilio, el conserje, en “Aquí no hay quien viva”)

    23 octubre 2005

    The lion sleeps tonight

    Como hoy tengo subido el infantil (si, más que de ordinario ¡qué te puedo decir!) voy a colocar un clip que me ha hecho mucha gracia. Es un video del año 2003 que causó furor entre los internautas y que recién ahora descubro (como siempre yo llego tarde y/o me entero después).


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    El hipopótamo se llama Pat y el perro Stanley y son los protagonistas de una serie animada, creada por el diseñador gráfico Pierre Coffin, que se transmitía por la televisora francesa TF1. Desafortunadamente, su creador hizo este video como un piloto para la serie, por lo que sólo dura un minuto y pareciera que la canción queda a medias.

    El tema musical “The lion sleeps tonight” que canta Pat, tiene su origen en una antigua canción Zulú de caza que se hizo popular en 1939 en lo que hoy es Swazilandia y que el grupo norteamericano “The Tokens” hizo mundialmente famosa en 1961. Si mal no recuerdo, forma parte de la banda sonora de la película “El Rey León”.

    19 octubre 2005

    El blogger transversal o que lindos mis comentarios

    Otra de bloggers. Hoy me entero que en la blogosfera hay inquietud, por llamarlo de alguna manera, por el destino y seguimiento de los comentarios y opiniones que va dejando el blogger en todas los páginas que visitan (blogger transversal, que le dicen).

    Y tal parece que es tema inevitable de conversación en cuanto encuentro bloguero haya. En un post del pasado mes de junio, que por casualidad acabo de descubrir, la autora de Tintachina señala lo siguiente:

    A fuerza de postear acabas sintiendo la necesidad de tener cierto control sobre tus contenidos, sobre lo que dices en tu página y en las de los demás. Es más, es posible que para no perder la pista de tus brillantes aportaciones decidas:
    a) no comentar, con lo que la conversación se resiente
    b) postearlo en tu blog, con lo que la conversación se resiente :)


    A continuación nos habla de una aplicación que permite resolver este “problema” mediante el registro de los enlaces permanentes de los comentarios que haces en otras bitácoras, de manera que puedas tenerlos reunidos todos en una sola URL.

    La reoca!!!... resulta que no sólo basta para el ego tener nuestros pensamientos, sentimientos, sueños, venturas, desventuras, ideas, opiniones, etc., todos juntitos en un blog. No, no, eso no es suficiente. Ahora también vamos a recoger todos esas “brillantes aportaciones” que desparramamos en blogs ajenos y los vamos a juntar en un solo sitio para que vean lo ingeniosos, agudos, conocedores, analíticos y versátiles que somos en esto de andar opinando en la blogosfera.

    Así, nos podríamos autoreferenciar cuantas veces nos provoque. Opinas en un blog y aprovechas para citarte a ti mismo: “eso lo advertí yo en 1615 en la bitácora de Cervantes…” y les estampas la URL. Claro, que también va a ser una referencia obligada para otros comentaristas: “como brillantemente afirmara Mutato en el blog de Shakespeare…” y ahí va enlazado el comentario que le hice al Willy en 1613.

    Bien visto, el asunto vendría a ser algo así como una antología de mis mejores comentarios, para releerlos luego como quien no quiere la cosa: “caramba, pero que lindo me quedó ese comentario”… “uff, que razón tenía yo”… “Dios mío, que opinión genial les dije aquella vez”… Todo un orgasmo intelectual, vaya.

    Para más INRI, si el asunto trasciende, los editores del Reader’s Digest incluirán regularmente mis preclaros pensamientos en la sección de “Citas Citables” de esa revista “tan leída” en los más selectos círculos intelectuales del mundo. De allí a una edición, por parte de Casa de las Américas, de la obra “Mutato Nomine: comentarios de un blogger que lo dijo todo” no hay más que un paso.

    ¿Pero en serio nos creemos tan importantes, originales y trascendentes?. Es demasiado. Un poquito de humildad, por Dios!

    16 octubre 2005

    Soneto de la fidelidad

    Hace muchos años, cuando era un “poco” más adolescente que ahora, y como tal idealista y soñador, pensaba que el amor era eterno. Si amabas a alguien debía ser para toda la vida. Lindo ¿verdad?... pero esa idea no compaginaba con la realidad, pues no me servía para explicar por qué dejé de querer a aquella que juré amar para siempre, o por qué mi corazón corrió en pos de otra ilusión.

    Andando el tiempo, descubrí en la música brasileña al poeta Vinicius, quien a pesar de su agitada vida, o precisamente por ello, hablaba con profundidad de lo cotidiano, poniendo en lenguaje sencillo el torrente turbulento de las emociones humanas. Con el pragmatismo y la sabiduría que dan los años, enseñaba en sus versos y canciones que el amor no es una cosa etérea ajena a nosotros, sino que por ser un sentimiento humano está dentro de cada quien y depende de cada quien que exista o no el amor.

    Si lo entendí bien, el amor si puede durar para toda la vida, pero esa eternidad no es una condición intrínseca al amor mismo. El carácter de permanencia en el tiempo se lo debemos dar nosotros, cuidando todos los días que ese amor no se pierda, estar atentos a los pequeños detalles, evitando caer en la rutina, etc. etc. etc.....

    Hay un bonito poema de ese brasileño eterno, que recita en una canción aún más hermosa (tema del post de hoy), llamado Soneto de Fidelidade, que nos habla sobre esto:

    De tudo, ao meu amor serei atento
    Antes, e com tal zelo, e sempre, e tanto
    Que mesmo em face do maior encanto
    Dele se encante mais meu pensamento.

    Quero vivê-lo em cada vão momento
    E em seu louvor hei de espalhar meu canto
    E rir meu riso e derramar meu pranto
    Ao seu pesar ou seu contentamento.

    E assim quando mais tarde me procure
    Quem sabe a morte, angústia de quem vive
    Quem sabe a solidão, fim de quem ama.

    Eu possa (me) dizer do amor (que tive):
    Que não seja imortal, posto que é chama
    Mas que seja infinito enquanto dure.

    SONETO DE FIDELIDADE
    Vinicius de Moraes
    Estoril - Portugal, 10.1939

    Por si no se entiende en portugués, en este link encuentras la traducción. Cuando Vinicius escribió el soneto anterior se refería a la fidelidad, al hecho de que cuando estemos enamorados debemos darle toda nuestra atención, dedicación y amor a nuestra pareja. Sin importar que puedan haber otras personas que sean más encantadoras, nuestro corazón se debe encantar aún más con aquella que amamos. Así debe ser mientras exista amor: fieles al que amamos.

    Pero creo que ese soneto también sirve para explicar en alguna medida la cuestión de la eternidad del amor. Tal parece que el amor es una llama y como tal se apaga, pero mientras esté encendida debe ser infinita y brillar con todo su esplendor. De nosotros depende que permanezca ardiendo mucho o poco tiempo.

    En fin, aunque es una verdad de Perogrullo, no hay vuelta de hoja: debemos siempre cuidar nuestra relación, no dejar que se apague esa llama, hacer que brille con la misma fuerza de la primera vez. No importa que haya llamas que parezcan más brillantes, ninguna brillará con la misma intensidad y calor que la de aquel que en verdad amamos...


    Eu sei que vou te amar – María Creuza, Vinicius & Toquinho

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    12 octubre 2005

    12 de octubre: resistencia indígena

    Tal día como hoy, hace 513 años, se apareció Cristóbal Colón por estos lares. Durante siglos ese hecho se conoció en todo el mundo como el Descubrimiento de América, hasta que en 1992, en ocasión de las celebraciones del V Centenario de la llegada del genovés, se encendió una polémica en los círculos intelectuales, culturales y hasta políticos de Iberoamérica en torno a la naturaleza de ese acontecimiento histórico.

    Que si no nos descubrieron nada, que si nosotros estábamos aquí cuando ellos llegaron, que si el tipo creyó que estaba en la India, que si fue Vespucio el que se dio cuenta del error de Colón, que si nos masacraron y nos saquearon, etc. etc. etc. Como resultado de ello, tan magna fecha comenzó a conocerse desde entonces como el “Encuentro de dos mundos”, frase políticamente correcta que nos permitió celebrar con bombos y platillos esa ocasión centenaria y con más dignidad las posteriores.

    Ahora bien, al 12 de octubre también se le conoce en los países iberoamericanos como el Día de la Raza o el Día de la Hispanidad. En el caso particular de estas tierras de gracia donde escribo, esa fecha se celebraba desde 1921 como fiesta nacional bajo el nombre de Día de la Raza. Eso duró hasta el año 2002, cuando por decreto presidencial se declaró como “Día de la Resistencia Indígena”

    Las razones para ello se fundamentaron, entre otras, en la idea de que el concepto de ”raza” surge como una de las categorías básicas de las relaciones de dominación propias del sistema colonial que se instaura en América a partir de la presencia europea; en la necesidad de dejar atrás los prejuicios coloniales y eurocéntricos que subsisten en el estudio y enseñanza de la historia y la geografía; y en el hecho de que nuestras sociedades están aun constituidas sobre criterios originados en la relación colonial, por ejemplo el considerar la "cultura e historia universal" como sinónimo de los valores culturales e historia de la sociedad dominante.

    Y está bien eso, porque ya va siendo hora que dejemos de ver nuestra historia desde la perspectiva del grito de “tierra, tierra” de Rodrigo de Triana y comencemos a vernos desde el de “barco, barco” del primer nativo que avistó en el Caribe las carabelas de Colón.

    Además, la "resistencia indígena" hace referencia a la sangre derramada de los pobladores nativos de este territorio, que fueron víctimas de la violencia de los conquistadores españoles hace más de 500 años. Que bien ¿verdad?... noble gesto éste de reconocer las luchas de las etnias indígenas.

    Lo que no sabes es que ese gesto, reivindicativo en su intención, ha sido demagógico en sus resultados. El indígena sigue abandonado a su suerte como antes, a pesar del reconocimiento constitucional de sus derechos y unos cuantos programas espasmódicos de atención a esa comunidades.

    Hoy la única resistencia que emprenden nuestros indígenas es contra el hambre, la miseria, las enfermedades, el atropello de sus derechos, la transculturación, la depredación de su habitat por la minería legal o ilegal y la deforestación y las migraciones a las ciudades por deculturación, entre otras “pequeñeces”.

    Feliz? día de la resistencia indígena…

    11 octubre 2005

    Profesión: Blogger

    Ocioso como soy (no sé si por falta de una vida emocionante o por pura vocación) me pasé la tarde navegando en Internet tratando de averiguar cuál es el término correcto para definir a esos seres que tienen (tenemos) un blog. Yo siempre he dicho “blogger”, pero como he encontrado la acepción “bloguer” en algunas bitácoras, me di a la tarea de indagar cual era la expresión adecuada.

    Al margen de esta necedad (pues da igual una u otra palabrita), el caso es que el Google me llevó a una página donde está el Curriculum Vitae de un Dr. José Luís Orihuela, de la Universidad de Navarra, que en sus extensas e impresionantes credenciales incluye los títulos de profesor universitario, conferencista y “bloguer”... si, si.. bloguer. Joder, yo no sabía que esto es una profesión. Cuando empecé a escribir por aquí lo hice por ocio, diversión, distracción, ¡que sé yo!. ¿Pero oficio blogger?.

    Esa me gustó, te lo confieso. Así que a partir de ahora me presentaré de esa manera. A mi escaso Curriculum profesional le incluiré el pomposo título de blogger. En cuanta planilla, formulario, solicitud y etcétera deba llenar, me registraré como tal. Vamos, si hasta suena impresionante… “profesión: blogger”. Eso si, dicho con aire de suficiencia y en tonito algo pedante.

    Mañana mismo presento en la Gerencia de Recursos Humanos mi nuevo título, a ver si me suben la prima por profesionalización. Aunque me queda la duda ¿equivaldrá a una maestría o a un doctorado? ¿o será apenas un diplomado?.

    Y si de impresionar se trata, me pregunto si también servirá para ligar chicas en los bares. Ya me imagino la escena en la barra del Bohemio’s luego del contacto inicial con la rubia aquella:

  • Rubia despampanante (y tonta según el estereotipo): ¿y tú qué es lo que haces?.

  • Mutato Nomine (fingiendo natural indiferencia): soy blogger.
  • R.d. (desconcertada): ¿blo quéee?.

  • M.N. (ahora haciéndome el interesante): …escribo, nena… y lo publico en Internet.

  • R.d. (visiblemente deslumbrada): guaaaooooooo… un escritor!.

  • M.N. (con mirada castigadora): si, escritor… ¿nos conectamos en tu casa o en la mía?.


  • ¡¡¡Ligue seguro!!!

    Ya hablando en serio ¿es tal el alcance y la importancia de los blogs que da como para incluir en la hoja de vida ese “título”?. Porque abogado, mucama, economista, taxista o cualquier otra cosa parecida, venga y pase. ¿Pero blogger?... Tú me dirás que no todos los blogs son como éste, que también hay bitácoras serias, técnicas y especializadas sobre política, economía, noticias, literatura, informática y mil cosas más. Es cierto, pero de allí a colgarse el titulito de blogger como carta de presentación en esta vida hay un salto enorme. Me temo que en el fondo subyace un problema de onanismo patológico del ego: mucha gente tomándose demasiado en serio a si misma.


    La verdad de hoy:
    “Cosas veredes, Sancho, que harán fablar a las piedras” (Miguel de Cervantes por boca del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha).

    05 octubre 2005

    Turismo en Brasilia

    Os CandangosHay cosas que definitivamente me superan. Una de ellas es la actitud que asumen algunos cuando están de viaje en el extranjero. En Brasilia, una vez culminados los trabajos que nos llevaron allí, tuvimos la oportunidad de disfrutar de un día libre en esa ciudad, debido a la conexión aérea para el retorno.

    Lo normal en esos casos (creo yo), cuando no conoces la ciudad, es salir a dar una vuelta por allí, por sus sitios más destacados, plazas, iglesias, monumentos, para conocer alguna cosa. Pues he aquí que los sujetos que me acompañaban no se les ocurrió mejor idea que perder medio día sumergidos en un centro comercial, shopping o mall (como quieran que se llamen) haciendo compras desesperadas. Vamos, que hay que tener cojones para viajar miles de kilómetros hasta esa ciudad (o cualquier otra) para malgastar el tiempo yendo de compras en tiendas que igual las consigues en cualquier shopping de tu ciudad.

    En fin, saciado el afán consumista, por cierto nada acorde con la ideología de izquierda que se dice practicar, nos vamos finalmente a ver algo de Brasilia, hermosa ciudad que ha sido declarada patrimonio del mundo por su genial arquitectura, por el manejo de los espacios (amplios, muy amplios) de su urbanística y por la belleza de su paisajismo.

    Catedral Metropolitana de BrasiliaCon ese antecedente ¿qué se supone que es lo normal en este caso?... pues digo yo que ir y admirar y disfrutar eso. Pues no, respuesta equivocada. El asunto se convirtió en una carrera contra reloj para tomar el mayor número de fotos en el menor tiempo posible. Cual turistas japoneses, armados de mil y un cámaras digitales, no hubo foto que no se tomara. No importaba que cuernos era el fondo. El asunto era tomarse una foto frente a cualquier monumento, estatua o edificio como prueba de que “yo estuve allí”. Vieron, pero no observaron. Estuvieron, pero no lo vivieron.

    Y se puso mejor en la noche. En un país con una oferta gastronómica típica tan rica y variada como Brasil, a estos tipos no se les ocurrió mejor cosa que ir a cenar en un restaurante ¡¡¡mexicano!!!!!… como dicen en el otro lado del Atlántico: hay que joderse!!. Coño, que es como ir a Francia o España y meterse a comer en un McDonald’s, ¡¡misericordia!!.

    Congresso NacionalLuego de la degustación mexicana y de unos cuantos grados de alcohol corriendo por la venas, tocaba por supuesto salir a quemar esas calorías con una buena movida del esqueleto. Estupenda idea. ¿A dónde crees que fueron estos?... ¿a bailar samba, axé, pagode o cualquier otro de los ritmos brasileños?... No, no, no, nada de eso.. a bailar salsa y merengue, faltaba más, que para esos somos caribeños.

    Perdóname este post a bocajarro y mal escrito, pero es que no acabo de entender a aquellos que viajan a otros países y, lejos de intentar conocer un poco más del sitio al que van, se empeñan en arrastrar con ellos la rutina y las costumbres de sus vidas.

    En fin, que gracias a Dios ya conocía Brasilia, porque de lo contrario te juro que los hubiera matado a todos.


    "Deusa do amor" - Olodum

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    26 septiembre 2005

    Advertencia

    A mi único y consecuente lector:

    Por motivos de trabajo, esta noche debo viajar a Brasilia por cuatro días. Estaré de vuelta este domingo. Espero tener algún momento libre para postear algo. Si no puedo hacerlo, espero me perdones.

    Como dijera el inmortal Vinicius "adeus, que eu vou partir"...

    25 septiembre 2005

    Crepúsculo

    Uno de los pocos placeres que aún me depara la vida es la posibilidad de contemplar los hermosos atardeceres que día a día nos regalan los cielos de por aquí. Siempre es agradable hacer un alto en el trajín y la rutina diaria, para disfrutar la serena belleza del sol que se oculta tras las lomas del oeste. Son breves instantes que invitan a la reflexión, al recogimiento y al diálogo intimista de nuestros pensamientos. Como dijera aquel poeta cubano:

    Hora de soledad y de melancolía,
    en que casi es de noche y casi no es de día.
    Hora para que vuelva todo lo que se fue,
    hora para estar triste, sin preguntar por qué.

    POEMA PARA EL CRESPUSCULO (fragmento)
    José Angel Buesa
    En esos minutos de quietud, cuando nuestro espíritu vaga a la sombra de lo ignoto, las brumas crepusculares se empeñan en mostrarme la imagen de un ser especial que me brinda su cariño y amistad. Cada uno de los colores de la tarde que nos deja es el fiel reflejo de ella... dulce y afectuosa como los pálidos rosas... sosegada y serena como los tenues amarillos... cálida como el encendido naranja... con la pasión e intensidad del fulgurante rojo... mágica y encantadora como los subyugantes dorados. Pero también misteriosa como los enigmas y arcanos que encierra la noche que sigue al ocaso... distante como los astros que pueblan el nocturno firmamento... y cautivadora y alegre, como la esperanza que nos deja la promesa de un nuevo día.

    Dime que desvarío, pero te juro que yo la veo así en los matices de ese fugaz momento, cuando aún sin ser de noche dejó de ser de día.

    "Quinta Anauco" - Aldemaro Romero

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    20 septiembre 2005

    Algo especial

    Tengo una amistad muy especial con una persona de mi trabajo, quien sin saberlo me iluminó el sendero en algunas de mis horas más oscuras, al hacerme recordar, sin ella proponérselo, que nuestros conflictos existenciales no son el centro del universo y que, salvo la muerte, todo tiene solución.

    Estaba pensando en ella, cuando recordé un hermoso poema que hace muchos años el poeta nicaragüense Martínez Rivas le dedicó a una mujer llamada Elvira. Aunque en el fondo los versos se refieren a las trampas de la feminidad, creo que resumen muy bien las cualidades que hoy veo en esta amiga.

    Van dirigidas estas líneas a quien poseyó:

    la Belleza, sin la arrogancia
    la Virtud, sin la gazmoñería
    la Coquetería, sin la liviandad
    el Desinterés, sin la desesperación
    el Ingenio, sin la mofa
    la Ingenuidad, sin la ignorancia

    todas las trampas de la feminidad, sin usarlas.

    PEQUEÑA MORAL (A ELVIRA)
    Carlos Martínez Rivas
    (La Insurrección Solitaria - 1953)

    Me temo que no de muchas mujeres podemos decir todo esto.

    19 septiembre 2005

    Recompensa

    Rescatado del baúl de los recuerdos:

    El Estado no me ofrece
    ni seguridad ni aventura:
    estoy contra el Estado.

    Tú tampoco me ofreces
    ni seguridad ni aventura.

    Pero si me acuesto
    con el Estado
    no amanezco con un jardín en la cabeza.

    Recompensa
    Juan Gonzalo Rose
    Peldaños sin escalera (Lima, 1974).

    Y qué te puedo decir?... no es para un Nobel, pero razón no le falta.

    17 septiembre 2005

    ¡Me harté!

    “Por motivo de urgente renovación, regalo supuestos, falsos y/o pseudo amigos con poco uso. Interesados preguntar por Mutato Nomine en el Bohemio’s Café”.

    "Fake Friends" - Joan Jett and The Blackhearts

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    14 septiembre 2005

    Motivos de un blog personal

    Ayer, en el Bohemio’s Café, escuché que alguien en la mesa de al lado preguntaba las razones para escribir un blog. No sé cuáles serán los motivos ajenos, pero en mi caso lo hice con la intención de desgranar aquí todas y cada una de mis miserias, al igual que muchas de las bitácoras que hay por ahí. La idea era obligarme a una reflexión sobre lo que ha sido mi vida hasta ahora, pues al escribir no solo debes pensar en lo ocurrido (verdad de perogrullo, ya lo sé), sino que también ves la cosas en perspectiva, desde la distancia, lo cual ayuda a digerir el asunto. Catarsis que le dicen. De allí ese primer post patético titulado “Confieso que he mentido”.

    No pude pasar de ahí. No hay caso, no me sale. No puedo sentarme y escribirte mis miserias. Por muchas razones. La principal de ellas porque me costaba escribir lo que pensaba y una vez que lo veía en blanco y negro me parecía aburrido, patético. Vamos, que una cosa es pensar y otra escribir. Y la verdad a mi el papelito de llorón no me va.

    Entonces intenté seguir el estilo de otros blogs y narrar aquí, a manera de diario, los acontecimientos que vivo a día a día. ¡Craso error!. Mi vida es tan común y corriente, tan cotidiana y falta de emociones que te juró que me dormí releyendo los borradores de post que iba a publicar. Resultado: todos a la papelera de un solo click en “delete”.

    Así que la idea primigenia del blog murió al nacer y éste pasó a convertirse en una serie de comentarios y reflexiones, si es que así se le puede llamar a estos posts, sobre algunas cosas que de una u otra manera tienen que ver conmigo. El resultado ha sido interesante. Cuando digo interesante no me refiero a los post publicados, que son inmamables, sino a lo que he descubierto al escribir.

    Me he dado cuenta que en general no tengo ni p..eregrina idea de lo que hablo, que en muchos temas poseo un océano de conocimientos con un centímetro de profundidad (esto se lo plagié a alguien, seguro), que a mi no me ha alcanzado la sabiduría que se supone llega con la madurez.

    Si, tienes razón, esto no explica que motiva realmente a tener una bitácora personal. Porque si a ver vamos, se pueden obtener los mismos resultados escribiendo en una libretita con lindas hojas o en el Microsoft Word. El punto es ¿por qué hacerlo público?, ¿por qué lanzarlo a un medio donde cualquiera puede leerlo?, ¿para qué exponerse a los comentarios de desconocidos?...

    Ahí si entramos en honduras. Pueden ser muchas cosas. ¿Soledad?, ¿matar el aburrimiento?, ¿necesidad de afecto, de expresarnos, de que alguien nos escuche?, ¿afán de reconocimiento?, ¿escapismo?... simple pasatiempo... o porque si, porque me sale de los cojones... Incluso, en mis escasos momentos de lucidez, me pregunto si en el fondo no es más que un ejercicio de vanidad, de puro ego, como dijo este sujeto en Cambio:

    “Sería interesante estudiar la psicología de quienes crean blogs, pues sospecho que en muchos casos se trata de seres con el deseo voyeurista de analizarse, fascinados por el espectáculo cotidiano de sus vidas, o de sus ideas u obsesiones, dejando ver una pizca de megalomanía disfrazada de amor al debate, un ego hipertrófico escondido tras conceptos como la alegría de compartir o lo hermoso que es interactuar sanamente con los demás, ¡oh, los demás!, esa entelequia en nombre de la cual todo se justifica.”


    ¿Qué tal?... por las dudas, al terminar de escribir esto, corro a ver a mi psiquiatra, que por un par de tragos me atiende feliz en la barra del Bohemio’s.


    La verdad de hoy:
    "Vanitas vanitatum et omnia vanitas" (Latinazo cuyo autor intelectual desconozco)

    10 septiembre 2005

    ¿Por qué morir?

    Por razones que no vienen ahora al caso, esta semana he estado monotemático con la muerte. Dándole vueltas al asunto me ha venido a la memoria el neogranadino Andrés Caicedo, quien una vez afirmó que vivir más allá de los 25 años era una vergüenza, una insensatez. Fiel a su palabra, este joven escritor se suicidó ingiriendo pastillas del barbitúrico “Seconal” poco antes de cumplir los 26 años, en marzo de 1977. Demás está decir que su suicidio lo convirtió en el mito de una generación de colombianos y en el símbolo de una contracultura suburbana.

    Vamos, que algo de razón no le faltaba. A los 25 estamos en la flor de la vida (si, frasecita cliché, ya lo sé, pero no se me ocurrió otra), llenos de vitalidad, confianza, expectativas, anhelos y metas, dispuestos a conquistar el mundo. Y entonces viene la vida y se encarga de patearte el trasero.

    Tal vez uno debería morir joven, en pleno uso de las facultades físicas y mentales, antes que te abrumen las responsabilidades y la rutina del cotidiano vivir (¿o existir?), antes que te asalten las dudas y las preocupaciones sobre el futuro, la economía, y la política y, mejor aún, antes que la realidad te muestre su fea cara de miseria y maldad. Además ¿si supieras que te mueres a los 25 no vivirías a fondo, desesperadamente?... yo diría que sí....

    Ya hablando en serio, no sé en qué estaría pensando Andrés Caicedo cuando decidió abandonar esta vida. Seguro no fueron las razones pueriles y baladíes que acabo de esgrimir. Pero lo que sea que haya sido, debió ser tan abrumador como para nublarle la razón y llevarlo a esa decisión. Sólo así se puede explicar que un alma atormentada opte por esa salida. Pero difícilmente se puede estar de acuerdo con esa idea.

    Y es que al final de cuentas, el suicidio es una solución definitiva, y nada racional, a un problema temporal. Yo, que hace bastante rato pasé la curva de los veinticinco, prefiero asumir una perspectiva optimista y buscar mil causas para seguir viviendo, aún cuando a veces pareciera que están todos los motivos agotados. Un poeta del oriente venezolano, Manuel Osorio, encontró estas sencillas razones que creo son valederas:

    Aunque sea para soñar,
    vale la pena este vivir.
    Y si vivimos para amar,
    ¿por qué morir?

    Aunque tengamos que llorar
    y aunque tengamos que sufrir,
    si llega el día de cantar,
    ¿por qué morir?

    Si ella jamás ha de llegar.
    Si ella jamás ha de existir.
    Mientras la puedo desear,
    ¿por qué morir?

    Si hay unos labios que besar
    y una palabra que decir
    y otra palabra que escuchar,
    ¿por qué morir?

    Si siempre es hora de esperar,
    y siempre es hora de partir,
    y hay un camino por andar,
    ¿por qué morir?

    ¿POR QUÉ MORIR?
    (Manuel Osorio Calatrava)

    ¿Naif?... ¿frívolas?... ¿color rosa adolescente?.... lo podemos discutir. Por lo pronto, esas razones me bastan para no convertirme en una estadística más de la OMS. Al fin y al cabo, no hay razón para adelantar lo que inexorablemente nos va a alcanzar.

    "Suicide is painless" - Johnny Mandel and the MASH

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    07 septiembre 2005

    New Orleans

    Navegando en la red, buscando información sobre la situación de New Orleans, llegué por casualidad a Google Maps, donde se pueden ver las imágenes satelitales de esa ciudad luego del paso del huracán Katrina.

    Como todo el mundo he visto en las noticias las fotos y filmaciones de algunas áreas del desastre, pero creo que ninguna alcanzó a darme una idea exacta de la magnitud de las inundaciones. Si claro, te impacta la visión de infraestructura destruida y casas sumergidas, te abruman las cifras de muertos, heridos, desaparecidos y damnificados, intentas imaginar cómo será eso de que el 70 por ciento de la ciudad esté prácticamente bajo agua. Pero una cosa es imaginarlo y otra muy distinta constatarlo con estas fotografías tomadas desde satélite. Una imagen vale más etc. etc. etc.

    Este interés por New Orleans viene a cuento por los recuerdos que tengo de esa ciudad. En ella pasé una etapa de mi vida que, aunque muy breve, me marcó profundamente. Allí viví solo y lejos de mi familia por primera vez, olvidé mi primer desamor y descubrí que eso del amor eterno es paja loca, me fumé los primeros porros y agarré las primeras borracheras, conocí el jazz y me corté las venas con el blues, me enamoré platónicamente de la primera y única puta que he conocido en mi vida (pagada, quiero decir, porque después hubo otras, pero a esas las llamo putas por puro despecho) y adquirí el vicio de ver la vida pasar bebiendo plácidamente un buen café (si, café gourmet, no esa porquería química, instantánea y de maquinita de Nescafé).

    Y como esas, mil vivencias más que para un tardío adolescente a inicios de los ochenta significaron en su momento algo así como descubrir el mundo. Recuerdos tristes de un pasado alegre como dicen en mi barrio, que aquí entre nos (antes que tú me lo digas) son memorias pendejas y superfluas de niño bien, instalado cómodamente en casa, comparados con los amargos recuerdos y experiencias que le quedarán a las víctimas sobrevivientes de este devastador huracán.

    "(What did i do to be so) Black and Blue" - Louis Armstrong

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    04 septiembre 2005

    Apología breve del bolero

    Yo no sé como será en otras latitudes, pero por estas tierras un despecho que se respete se sufre al ritmo del bolero. ¿Una pena de amor?... bolero con eso. ¿Te dejó tu mujer?... vacílate al Inquieto Anacobero. ¿Te pusieron los cuernos?... vengan Los Panchos. ¿Un amor no correspondido?.... invoca a Nelson Pinedo. Y es que los mejores amigos de un corazón destrozado son gente como Olimpo Cárdenas, Olga Guillot y Antonio Machín.... y una buena botella de ron.

    Un macho que se despecha lo hace con boleros, nada de baladitas desabridas. Qué corazón "partio" ni que niño muerto, eso es para pusilánimes!!. Y nada de ron blanco, y menos Bacardí, que eso es para coctelitos de niñas buenas. El despechado se toma el ron a palo seco.

    Chistes aparte, por aquí en el Caribe en tiempos de desamor el bolero nos remite al sufrimiento con alcohol y rockola en noches de soledad y desesperanza. Es desgarrador, es abandono del propio ser, es agonía, es fracaso:

  • “triste agonía vivir sin ti”


  • “sin ti no podré vivir jamás”


  • “mi desgracia fue quererte”


  • “me duele el corazón, no siento el alma”


  • Y dime tú que no te sientes así cuando te dejan en la estacada. Ahora bien, curiosamente, en el bolero el amante está abandonado a su suerte, su pena obedece a los designios de Dios. La tragedia amorosa es obra del destino:

  • “¿por qué Dios me hizo quererte para hacerme sufrir más?”


  • “culpable es mi destino, que me hizo comprender que no era mío tu amor”


  • “es mi destino vivir así”


  • “la vida inclemente te separa de mí”


  • Venga, que estoy frito porque así está escrito en alguna parte y no puedo hacer nada por remediarlo. Por supuesto, ya que no está en mis manos, mi condena es amarte por siempre y sin remedio. Es pues la exclamación pura y desgarrada, sin comprensión, sin medición, de un enamorado, es la afirmación del sentimiento de entrega, aunque esa entrega no se cumpla:

  • “no podré querer a nadie más”


  • “sólo a ti entregaré mi cariño, mi corazón, mi fe”


  • “regálame esta noche, retrásame la muerte”


  • “aunque me cueste la vida, sigo buscando tu amor”


  • La mejor parte, por aquello de que la culpa siempre es de los otros, es que en el bolero el desamor casi siempre es traición, perfidia, mentira. Hablando mal y pronto, me abandona no porque yo soy un hijo de puta, sino porque es una mujer perjura. Me rechaza porque es pérfida, mentirosa, no porque yo sea un troglodita machista. Ah! como sufro por esa malvada:

  • “fuiste muy canalla al abandonarme”


  • “ninguna tan perversa como tú”


  • “eres una pobre aventurera”


  • “te entregaste a un ser malvado”


  • Ahora, si resulta que no estás despechado, no importa. El bolero no es solo letra y música, es también baile y ya sabemos que por aquí el baile es la frustración vertical de un deseo horizontal. No, no, no me refiero a ese baile insípido, egocéntrico y onanista de la música moderna, en el que cada quien se mueve por su cuenta. Es un ritual sensual de cuerpos apretados, piernas que se rozan, manos entrelazadas, cercanías de aliento y susurros al oído.

    En fin, que el bolero es eso, pasión, arrebato, traición, fatalidad, sinsabores, deseos, esperanzas. Como la propia vida.... y además eterno, a pesar de los cuatro intentos de asesinarlo perpetrados por Luis Miguel.


    "Entre risas, copas y discos" - Leo Marini y la Sonora Matancera

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    02 septiembre 2005

    Pragmatismo

    Calvin and Hobbes by Bill Watterson

    © 2005 Bill Watterson

    Yo, por principio de vida, soy caprichosamente pragmático.... y tú?

    01 septiembre 2005

    Muerte en vida

    Sumergido en el fastidio de una tarde lluviosa, vi en el cable una película titulada en inglés “Defending your life”. Filmada en 1991, es una historia romántica en la que Albert Brooks y Meryl Streeps, luego de morir, se conocen en una estación intermedia camino al cielo, donde deben defender ante unos jueces lo que hicieron con su vida. La trama es de lo más convencional y el final feliz es totalmente previsible como ocurre con estas películas norteamericanas. No es un film denso o profundo. Por el contrario, su línea argumental tiene huecos por todas partes, pero en honor a la verdad no creo que los realizadores tuvieran otra intención que la de ofrecer un rato de esparcimiento romanticón, sin mayores pretensiones.

    Lo que me pareció rescatable es que allí se expresa que una de las razones por las cuales venimos a este mundo es para superar nuestros miedos. No el miedo instintivo a los peligros, sino el miedo a ser felices, el miedo de arriesgarnos por lo que creemos y anhelamos, el miedo a amar, el miedo a dejar nuestra insatisfecha existencia, aunque cómoda y segura, para perseguir nuestro sueños.

    ¿Cuánta gente habrá sobrellevando una vida rutinaria por el temor a salir a lo desconocido en pos de su destino?. Me pregunto que cantidad de veces habremos callado nuestros impulsos, postergado nuestros sueños y sepultado nuestros deseos bajo la fachada de la prudencia, el autocontrol, la ponderación, lo socialmente correcto. Miedo, ¿sabes?, no es otra cosa que el simple miedo a emprender la aventura de vivir conforme a los dictados de nuestro espíritu.

    Si lo pensamos bien, resignarse a esa existencia de hastío es un poco como estar muerto en vida....


    La verdad de hoy:
    “¿Por qué morir si siempre es hora de partir y hay un camino por andar?” (Osorio Calatrava).

    25 agosto 2005

    Tiempos pasados fueron mejores

    Yo tampoco escapo a eso que los humanos hacen con el paso de los años: decir que antes, en nuestros tiempos, las cosas eran mejores. Pero a diferencia de los demás mortales, cuando yo afirmo que el pasado fue mejor, es porque añoro una época que no viví. Llegué tarde a la vida y en consecuencia vivo de la nostalgia ajena.

    Me explico... apenas era un bebé en los ’60 cuando en la tierra estaban ocurriendo cosas importantes: Sartre se daba cogotazos filosóficos con Aron y el mundo paría a los hippies, el mayo francés, las luchas de liberación en Africa, la primavera de Praga, Vietnam, la revolución sexual, la bossa nova, Woodstock, la carrera espacial, el LSD (la marihuana me la fumé después), la amenaza nuclear y un largo etcétera. Mientras yo me hacía caca en los pañales, afuera la vida pasaba.

    Al llegar a la adolescencia, esa etapa en que te abres a la vida y descubres ideas, sensaciones y experiencias, resulta que morían los ’70, la época del hedonismo y la cultura disco (¿recuerdas Travolta y afines?). Ahí lo que importaba eran las discotecas, la moda, los peinados, Village People, los Bee Gees, el glam, y bailar, bailar y otra vez bailar. Olvídate de asuntos densos y profundos.

    Cuando estuve en la universidad en busca del conocimiento, en los ’80, resultó ser que yo formaba parte de una generación que más tarde se empezaría a conocer como la “generación boba”, por aquello de la carencia de ideales sociales y políticos:

    - “¿Derrumbaron el muro de Berlín?... ¡cuidado con los ladrillos!!!”.
    - “¿La Guerra de las Galaxias de Reagan?... no, no, no... te digo que esa película es de George Lucas, coño!!!”.
    - “¿Hambre en Africa?... que extraño, ¿es que allí no hay restaurantes?”.
    - ¿Tiananmen?... no gracias, tráigame el pollo Szechuan con Chop Suey”.

    Para completar el asunto, cuando por fin parecía que en los ‘90 podíamos hallar una causa común en el medio ambiente y la antiglobalización, aderezada con buenas dosis de New Age, resultó que con el cuento del fin de las ideologías y el de la historia, me alcanzaron los coletazos del debate postmodernista, que es una cosa que nadie sabía con qué se comía pero en la que todos querían estar. Vamos, que era muy chic hablar postmo:

    - “Para la metacomprensión del ser, se debe deconstruir la intertextualidad del discurso transhistórico del otro yo postcolonial....“

    No me negarás que la frasecita es impresionante, pero como todavía hoy no logro entender que coño quería decir eso, mi vida social es un asco y vivo navegando en internet.

    Ahora, en esta primera década del siglo XXI azotada por el terrorismo y el imperialismo de Bush, tenemos otra vez motivos para tomar conciencia política y social. Claro, la cosa es que han sido muchos años de vivir sin darme cuenta y ya no estoy como para esfuerzos sobrehumanos de concientización... venga, que mis neuronas no dan pa’ más!

    En fin, que el pasado que no viví es mejor que el presente que tampoco vivo. Y te juro que realmente ya todo me importa un pepino.... muy postmoderno yo, pues.


    Escuchado en el Bohemio’s Café:
    “No es que seamos gente superficial, es culpa de la época que nos tocó vivir” (Alguien en la mesa de al lado, al son de El Cantor Post-Moderno de Virulo).

    "El Cantor Post-Moderno" - Alejandro García (Virulo)

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    22 agosto 2005

    The bridges of Madison County

    Hoy volví a ver aquella película de Eastwood intitulada en español Los puentes de Madison. Me gustó desde la primera vez que la vi años atrás. Creo que a pesar de lo triste, o tal vez precisamente por ello, es una hermosa historia de amor. Me recuerda a un tipo de mi barrio.

    Dos años antes de su estreno y a punto de irse a otro país por motivos de trabajo, este sujeto, al que llamaremos Eme, conoció a Efe, una chica hermosa, libre, alegre, apasionada por la vida. Eme en cambio, era casado y con un hijo, con una existencia aburrida, monótona a pesar de su juventud. Eme la amó desde el primer día y vivió junto a ella el mes más feliz que recuerda. Pero al igual que Francesca, la protagonista del film, Eme terminó apostando por lo seguro, por la responsabilidad.

    Así que se fue al extranjero en pos de su carrera. Porque era lo correcto, por la familia, por el deber. Sin embargo, durante años mantuvo viva la llama de esa relación, como una forma de evadir su gris realidad. En la distancia la alentaba, sabiendo muy dentro de si que mentía, pues aunque la amaba no iba a sacrificar la seguridad que entonces tenía, por la aventura y emoción que Efe le ofrecía.

    Finalmente sobrevino el desengaño, el desencuentro y ella, cansada de esperar, terminó casándose con otro. Eme, hoy solo y divorciado, aunque pudo dejar de amarla todavía se pregunta qué habría pasado con su vida si, en lugar de atender a la razón, hubiera seguido el impulso de su corazón.

    ¿Tu que habrías hecho?


    La frase del día:
    “Este tipo de certeza sólo se da una vez en la vida” (Clint Eastwood como Robert Kincaid en “Los puentes de Madison”).

    19 agosto 2005

    Mi madre no fue puta

    Una de las vecinas de este condominio dice que el 90% (si, noventa por ciento... no más, no menos) de la gente es básicamente hija de puta. Eso incluye a mucha gente.

    Al margen de que no sepamos qué cuernos es el otro 10% (pueden ser desgraciados, bastardos, hijos de perra, etc. etc. o más bien buena gente, que creo es a lo que se refería mi vecina), el caso es que yo debo estar en ese grupo del 90%, por lo que te dije en el post anterior.

    Y la verdad es que eso ya no me mortifica mucho. En mi pueblo una de las formas más comunes de insultar a alguien es precisamente esa, decir que lo parió una prostituta. Mi señora madre, divorciada desde hace 20 años y pensionada, oyó una vez cuando, en medio de una discusión, la novia de turno me endilgaba ese epíteto. Lejos de indignarse, la pobre suspiró profundamente y terció en la refriega verbal diciendo: “ojalá eso fuera verdad.... me habría divertido mucho y ganado más dinero”.

    Te juro que hoy día, cuando me insultan así, en vez de molestarme siento pena por mi madre... no fue puta, a pesar de haber parido a un h de p.


    Frase del día:
    "Las putas al poder, porque con los hijos no nos fue bien" (Graffiti en una pared cualquiera).

    17 agosto 2005

    Confieso que he mentido

    No es fácil decirlo.... he mentido. No sólo mentiras blancas, no sólo mentiras piadosas, sino también mentiras de las que aún perdonándose no se olvidan. He faltado a la verdad, por acción y por omisión.

    Juré amor eterno y sólo duró un suspiro. Prometí la luna y ni siquiera llegó a triste lucecita de 15 watts. He sido infiel, que ya de por si es mentir, y ante la evidencia acusadora lo he negado descaradamente. He plagiado trabajos, ideas. He mentido para evadir responsabilidades. He mentido para aparentar y no ser menos.

    Peor aún, el principal objeto de mis mentiras he sido yo mismo. Me he mentido durante largos años. He llevado una existencia social y políticamente correcta, he hecho lo que se esperaba que hiciera, complaciendo a todo el mundo, asumiendo cargas y culpas que no tenían por que ser mías. Y me he dicho que eso estaba bien, que así era feliz.

    He dejado de arriesgarme por miedo a los resultados y lo oculté bajo el manto de la prudencia. Me negué locas aventuras por temor a lo desconocido y lo disfracé con el velo de la madurez. Me inhibí pensando en el qué dirán y lo revestí del sentido del ridículo. Y me creí todo eso...

    Me quedé con una mujer cuando amaba a otra y me dije que eso era lealtad y responsabilidad. Y también me lo creí...

    Hoy ya no sé que ha sido mentira y que ha sido realidad. Por eso estas páginas, para exorcizar mis demonios y expiar mis pecados...... y poder seguir mintiendo!!!!


    "Little Lies" - Fleetwood Mac

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