La ley de Murphy es inexorable. Cuando por fin creo superar mi más reciente revés amoroso y empiezo a interesarme seriamente en una agradable mujer, resulta que ésta decide, profundamente desilusionada por el fracaso de su última relación, renunciar a la vida en pareja y dedicarse en cambio, en cuerpo y alma, a su trabajo y a su pequeña hija. Voluntariamente, sin más, cierra las puertas a cualquier posibilidad de ser feliz.
Es de no creer. Menos mal que por allí dicen que la vida no es para entenderla, sino para vivirla, porque te juro que yo no entiendo nada.
La verdad de hoy:
“Cuando parece que las cosas están mejorando, debes estar olvidando algo” (Corolario No. 2 de la Segunda Ley de Chisholm).
Es de no creer. Menos mal que por allí dicen que la vida no es para entenderla, sino para vivirla, porque te juro que yo no entiendo nada.
La verdad de hoy:
“Cuando parece que las cosas están mejorando, debes estar olvidando algo” (Corolario No. 2 de la Segunda Ley de Chisholm).

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