19 octubre 2005

El blogger transversal o que lindos mis comentarios

Otra de bloggers. Hoy me entero que en la blogosfera hay inquietud, por llamarlo de alguna manera, por el destino y seguimiento de los comentarios y opiniones que va dejando el blogger en todas los páginas que visitan (blogger transversal, que le dicen).

Y tal parece que es tema inevitable de conversación en cuanto encuentro bloguero haya. En un post del pasado mes de junio, que por casualidad acabo de descubrir, la autora de Tintachina señala lo siguiente:

A fuerza de postear acabas sintiendo la necesidad de tener cierto control sobre tus contenidos, sobre lo que dices en tu página y en las de los demás. Es más, es posible que para no perder la pista de tus brillantes aportaciones decidas:
a) no comentar, con lo que la conversación se resiente
b) postearlo en tu blog, con lo que la conversación se resiente :)


A continuación nos habla de una aplicación que permite resolver este “problema” mediante el registro de los enlaces permanentes de los comentarios que haces en otras bitácoras, de manera que puedas tenerlos reunidos todos en una sola URL.

La reoca!!!... resulta que no sólo basta para el ego tener nuestros pensamientos, sentimientos, sueños, venturas, desventuras, ideas, opiniones, etc., todos juntitos en un blog. No, no, eso no es suficiente. Ahora también vamos a recoger todos esas “brillantes aportaciones” que desparramamos en blogs ajenos y los vamos a juntar en un solo sitio para que vean lo ingeniosos, agudos, conocedores, analíticos y versátiles que somos en esto de andar opinando en la blogosfera.

Así, nos podríamos autoreferenciar cuantas veces nos provoque. Opinas en un blog y aprovechas para citarte a ti mismo: “eso lo advertí yo en 1615 en la bitácora de Cervantes…” y les estampas la URL. Claro, que también va a ser una referencia obligada para otros comentaristas: “como brillantemente afirmara Mutato en el blog de Shakespeare…” y ahí va enlazado el comentario que le hice al Willy en 1613.

Bien visto, el asunto vendría a ser algo así como una antología de mis mejores comentarios, para releerlos luego como quien no quiere la cosa: “caramba, pero que lindo me quedó ese comentario”… “uff, que razón tenía yo”… “Dios mío, que opinión genial les dije aquella vez”… Todo un orgasmo intelectual, vaya.

Para más INRI, si el asunto trasciende, los editores del Reader’s Digest incluirán regularmente mis preclaros pensamientos en la sección de “Citas Citables” de esa revista “tan leída” en los más selectos círculos intelectuales del mundo. De allí a una edición, por parte de Casa de las Américas, de la obra “Mutato Nomine: comentarios de un blogger que lo dijo todo” no hay más que un paso.

¿Pero en serio nos creemos tan importantes, originales y trascendentes?. Es demasiado. Un poquito de humildad, por Dios!

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