Al término de un pesado día laboral, me encuentro solo y algo deprimido en la barra del Bohemios’s Café. Espero a una amiga que demora mucho en llegar. Mientras bebo el segundo vodka tonic, entra un grupo bullicioso de personas, entre las cuales veo a alguien a quien años atrás juré amar para siempre. Pero fue un "para siempre" por la mitad, como todos mis “para siempre”. Me reconoce, me saluda en la distancia (adivino cierto sarcasmo en su gesto) y sigue su camino hacia la terraza.
Obnibulado por los efluvios etílicos, me reafirmo en la idea de que todas mis ex son como las olas que bañan la playa y regresan al mar, vienen y van en un perenne fluir. No, no es poesía, no te confundas, es una joda del destino, que hace que de manera reiterativa me las consiga fortuitamente en los peores momentos. Los peores momentos míos, por supuesto.
A ver si me explico… un domingo te vas a desayunar a esa famosa pastelería que casualmente queda a dos calles de tu casa. Llevas el periódico dominical bajo el brazo, barba sin afeitar, bermudas, sandalias y camiseta descolorida por los años de continuas lavadas. Vamos, que es domingo y andas cómodo. Te ubicas en la terraza, en esa clara y soleada mañana, desde donde ves el movimiento de la calle.
Todo es perfecto: el día, la comida, el ambiente, hasta que de pronto “Ella”, a quien no veías desde tiempo atrás, hace su aparición, radiante, de impecable lino blanco, perfumada, la suave brisa ondea su bien arreglada cabellera. Todos voltean a verla. Y ahí estás tú, en aquella facha miserable, con tu bocota bien abierta para morder un croissant, cuando ella fija su vista en ti. Tierra trágame!
Jueves en la noche. Llegas al teatro directo desde el trabajo, luego de una larga, pesada y complicada jornada. Algo desaliñado por el trajín y visiblemente cansado. Te acompaña una amiga del alma que tiene evidentes problemas de sobrepeso. Muy simpática, pero más fea que pelea a navajazos en un ascensor. Y ahí el hado vuelve a escupirte.
Entra en el lobby “Aquella”, esbelta, más hermosa que nunca, con un vestido espectacular, del brazo de un joven Adonis de dos metros de alto y un metro de espaldas. Y ahí mismo sientes como su mirada de sorna te va recorriendo de arriba a bajo a ti y a tu adorada amiga. Aunque intentes disimular y hacerte el loco, “Aquella” invariablemente se acercará a presentarte al Adonis y decirte, sarcásticamente, que haces linda pareja con tu “novia”. Dime que no te quisieras morir en ese instante.
Lo peor es esa actitud desdeñosa y el tonito de voz con que te hablan, como diciendo “mira que bien me la paso sin ti, piltrafa”. Y como esas, mil situaciones más en las que la única constante es que ellas están siempre radiantes, bellas, deslumbrantes y yo vuelto un trapo. En eso no hay vuelta de hoja, siempre es lo mismo, las desgraciadas reaparecen en los instantes más inoportunos. ¡Déjame la botella!
Escuchado en el Bohemios’s Café:
“Dios me ignora…” (alguien sentado en la barra, al calor de un vodka).
“Hoy la vi” - Pablo Milanés
Powered by Castpost
Obnibulado por los efluvios etílicos, me reafirmo en la idea de que todas mis ex son como las olas que bañan la playa y regresan al mar, vienen y van en un perenne fluir. No, no es poesía, no te confundas, es una joda del destino, que hace que de manera reiterativa me las consiga fortuitamente en los peores momentos. Los peores momentos míos, por supuesto.
A ver si me explico… un domingo te vas a desayunar a esa famosa pastelería que casualmente queda a dos calles de tu casa. Llevas el periódico dominical bajo el brazo, barba sin afeitar, bermudas, sandalias y camiseta descolorida por los años de continuas lavadas. Vamos, que es domingo y andas cómodo. Te ubicas en la terraza, en esa clara y soleada mañana, desde donde ves el movimiento de la calle.
Todo es perfecto: el día, la comida, el ambiente, hasta que de pronto “Ella”, a quien no veías desde tiempo atrás, hace su aparición, radiante, de impecable lino blanco, perfumada, la suave brisa ondea su bien arreglada cabellera. Todos voltean a verla. Y ahí estás tú, en aquella facha miserable, con tu bocota bien abierta para morder un croissant, cuando ella fija su vista en ti. Tierra trágame!
Jueves en la noche. Llegas al teatro directo desde el trabajo, luego de una larga, pesada y complicada jornada. Algo desaliñado por el trajín y visiblemente cansado. Te acompaña una amiga del alma que tiene evidentes problemas de sobrepeso. Muy simpática, pero más fea que pelea a navajazos en un ascensor. Y ahí el hado vuelve a escupirte.
Entra en el lobby “Aquella”, esbelta, más hermosa que nunca, con un vestido espectacular, del brazo de un joven Adonis de dos metros de alto y un metro de espaldas. Y ahí mismo sientes como su mirada de sorna te va recorriendo de arriba a bajo a ti y a tu adorada amiga. Aunque intentes disimular y hacerte el loco, “Aquella” invariablemente se acercará a presentarte al Adonis y decirte, sarcásticamente, que haces linda pareja con tu “novia”. Dime que no te quisieras morir en ese instante.
Lo peor es esa actitud desdeñosa y el tonito de voz con que te hablan, como diciendo “mira que bien me la paso sin ti, piltrafa”. Y como esas, mil situaciones más en las que la única constante es que ellas están siempre radiantes, bellas, deslumbrantes y yo vuelto un trapo. En eso no hay vuelta de hoja, siempre es lo mismo, las desgraciadas reaparecen en los instantes más inoportunos. ¡Déjame la botella!
Escuchado en el Bohemios’s Café:
“Dios me ignora…” (alguien sentado en la barra, al calor de un vodka).
“Hoy la vi” - Pablo Milanés
Powered by Castpost

No hay comentarios.:
Publicar un comentario